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El Camino de Santiago

Hola, Soy Santiago Larraín y hoy os voy a contar mi historia de cómo hice parte del Camino de Santiago. Soy un obispo de la iglesia de Sarriá y el Papa me mandó llevar los restos del apóstol Santiago hasta la ciudad de Santiago. Decidí ir en caballo, para ir más cómodo y no cansarme. La primera etapa hacia Portomarín no fue muy dura, comimos en el bosque a mitad de camino, pero, cuando estaba llegando me atacaron dos bandidos y,  por suerte,  aparecieron unos Templarios y los asustaron. Llegué a Portomarín muy feliz, porque completé la primera etapa, estuve visitando un poco el pueblo, y me pareció muy bonito. Por la mañana, salí de Portomarín y me dirigí a Palas de Rei. Ya llevando un buen trecho, mi caballo empezó a quejarse. Entonces,  me acordé de que no le di de comer ni de beber. En ese instante,  paré y le di un poco de hierba,  y agua. Ya solo faltaban cinco km, cuando empezó a caer el diluvio universal, y nos tuvimos que refugiar.  Al pasar diez minutos y, dado que no paraba, tuve que montarme en mi caballo y decirle que empezara a galopar. Llegamos a Palas de Rei,  como en media hora. Reservé una posada y mi caballo y yo empezamos a dormir.

En Palas de Rei, no estuve mucho tiempo porque tenía que salir muy temprano, pues esta etapa era la más larga, o, por lo menos,  es lo que yo pensaba. Por el camino,  vi pasar a muchos templarios, campesinos y algún que otro monasterio. Ya estaba llegando, y de repente,  bajó una intensa niebla. Al final,  me perdí y,  cuando se quitó la niebla, vi que me había pasado. Fui hacia atrás y llegué. Estaba a punto de anochecer así que decidí visitar un poco Arzúa

Esa mañana estaba muy motivado y decidí hacer las dos etapas que me quedaban el mismo día. Así que me levanté de noche y le di de comer y de beber a mi caballo. Y salimos al alba. Llegando a Pedruzo me atacaron unos bandidos, pero, me ayudaron unas personas que pasaban por allí. Les agradecí, enormemente, y seguí mi camino. Llegué a Pedruzo a la hora de comer, así que comí en esta iglesia.

Seguí con mi camino hasta llegar hasta Santiago, era un sitio increíble con una catedral alucinante. Entré en la catedral y le di los restos a un obispo que me esperaba. Al final me ofrecieron ser obispo en esa catedral y yo dije que…¡ claro!

Santiago Larraín Maldura. Segundo de ESO B

 

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El viaje

Me llamo Samuel Vara Ríos y soy un peregrino, nacido en el 14 de febrero de 1458 d. C. en Oviedo (Asturias), en el siglo XV.

Mi oficio desde que cumplí los 18 años fue el de ser herrero, al fin y al cabo, siempre me gustó estar trabajando con metales, esculpiendo nuevas armas, además de que a mi padre era un oficio en el que le hubiera gustado trabajar (por lo menos eso decía siempre). Y soy conocido como el mejor herrero de la ciudad (la verdad, menudo privilegio, así nunca pasaré hambre).

Bueno y ¿por qué si tengo una vida tan buena quiero peregrinar? ¿no? Pues es debido a mi pasión y a mis ansias de conocer mundo, para el día de mañana experimentar que he visto más tierras que ningún otro, y morir honorablemente.

Yo, desde pequeño, me he fijado en mi estamento (en este caso al estado llano, ya que soy un burgués) y lo que más me pesa de ello es que creen que sólo nos debemos dedicar a trabajar y a pagarles los impuestos a los privilegiados (nobleza y clero). Si el mundo fuera un lugar bonito sería al revés, pero, ¡bueno! ¿qué otra opción queda? Aunque, siempre me hubiera gustado ser noble, tan solo por participar en la guerra.

Me acuerdo aún de el año que peregriné, estaba muy nervioso. Recuerdo que tenía 29 años, casi 30 (la cual era la esperanza de vida promedia en esta época); todos me decían que ya era muy viejo para esos trotes, pero, era una misión y una meta que debía cumplir, de tal calibre como un juramento. Aquello fue en el 1487 d. C.,  era una época innovadora y esperábamos grandes cosas, pero,  la verdad,  no cambió mucho.

El camino que escogí fue la ruta del Norte ya que pasaba justo por mi villa y era la más recomendable, ya que según la gente del pueblo por esta no encontraría bandidos (salvo por la noche,  ya que eran cuando más abundaban) y tendría más posadas en las que descansar que en ningún otra (aunque rara vez alguien de allí habría hecho la mitad del camino).

Nada mas despedirme de la gente de la villa,  me encaminé hacia la primera etapa del camino: Tineo. Aquí la gente del pueblo me recomendó visitar la iglesia de San Francisco,  en la cual había un cura muy compasivo y con ideas indiscutibles, que me impactó y, a su vez,  esas grandes praderas verdes que parecían de ensueño. Nada más caer la noche fui a una posada, ya que para la segunda etapa tardaría más,  así que nada más despertarme,  me encaminé hacia allí, entrando en Galicia. Cuando llegué a Fonsagrada,  pueblo el cual no se podía decir que bonito no fuera,  aquí visite la Torre de Burón una torre muy singular y una atalaya de este mismo siglo, nada más caer la noche para poder dirigirme hacia la tercera etapa. Tres hombres me saquearon y me dieron una paliza. Al despertar,  me encontré en una posada situado en unos restos de hospital  de Montouto.  Allí,  la mujer que lo dirigía me dio dinero suficiente y ropa para poder seguir, pero, debido a las heridas perdí un día de viaje. Además de todo lo que hizo la mujer, se lo agradecí mucho y la ayudé en sus tareas diarias antes de marchar cuando llegué a Lugo, la cual estaba rodeada de una gran muralla. Me quedé en su sombra un rato debido al calor abrasador, también, fui a la Catedral de La Virgen María. Allí rece para la salud de mi viaje y me encaminé hacia mi destino. Como no me daba tiempo,  esa noche no dormí y seguí caminando (aunque tuve suerte de no toparme con bandidos por el camino),  ya que la gente del pueblo me dijo que Palas de Rei estaba amenazada por un demonio,  aunque yo nunca fui muy supersticioso decidí no pasar por ahí y que mi camino siguiera estable. Y llegué a Melide.  En mi opinión,  era un poco sosa debido a que no tenía edificios interesantes,  aun así rebusqué y pude visitar la Iglesia de Santa María:  en el interior, destaco las bonitas pinturas de los muros. No encontré nada más y me puse rumbo a Arzúa. Ya quedaba muy poco para llegar a la meta, pero, quería visitar Arzúa, ya que no la conocía. En la entrada tuve un problema con un guardia,  ya que creía que era un espía. Tuve  que ir al calabozo. Allí desmintieron esa información y pude salir libre. Me llevó medio día, pero, aun tenía tiempo. Visité claramente las Iglesias de Magdalena y de Santa María,  ya que mi madre desde muy pequeño me pidió que,  si algún día viajaba por todo el mundo,  las visitara y pasé por el puente de Ribadiso.  Y,  finalmente,  cumplí mi objetivo:  llegar a Santiago de Compostela y venerar las reliquias de Santiago el Mayor. Pero, también,  tenía en mente reflexionar sobre mi vida,  y cambiarla o no. Mi viaje en total me llevó unos cinco días. Finalmente,  lo decidí. Aunque según las estadísticas, el límite de la vida sean los 30 años,  viviré uno o más, viajando por todo el mundo. Así, dejaría mi oficio, pero, también, podría ayudar a forjar armasen una posada, y más cosas. A cambio de dinero y de comida, estaba decidido. Los aspectos positivos de la ruta fueron conocer mundo, tener más cultura, conocer personas de buen corazón, visitar grandes iglesias y saber lo que quiero en mi vida. (Al final no tendría que haber corrido tanto).

 

Samuel Vara Ríos. Segundo de ESO E

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Historias de Santiago

Me llamo Amice Lancelot, nací en 1210 en Asturias, soy carpintera y os voy a contar mi experiencia por el camino de Santiago.
Lo recorrí en el 1225, con quince años, porque quería visitar la tumba del apóstol Santiago.
Fui con un carro tirado por mi caballo que se llamaba Rocilante, tarde quince días por el camino Primitivo, porque es el camino que había escogido el rey Alfonso II, rey del reino de Asturias.
Cuando ya había pasado Oviedo y Lugo, por la noche, me atacó una banda de bandidos no eran más de tres, menos mal que estaba preparada para eso, sin vacilar tan solo un segundo desenvaine mi espada y sin piedad luche contra ellos. Uno de ellos murió, los demás escaparon heridos, mientras yo solo tenía unos rasguños; Para los que no lo habéis comprendido, llevaba una espada porque un buen amigo de la infancia me había advertido de que habían muchos bandidos y además sabia usar la espada porque mi padre era herrero hasta que murió por un oso, que luego yo me negué a matar porque soy animalista, pero luego mi madre le ataco por la espalda y bueno digamos que cenamos bien. Volviendo a mi historia. Después de ese pequeño incidente, continué sin problemas.Por el camino me encontré con unos templarios y unas monjas que me llevaron al monasterio Carboerio. Me acogieron durante una noche donde pude comer y dormir gracias a su amabilidad. Al alba me despertó el sonido de gritos, me encontré con que la iglesia estaba ardiendo y el monasterio estaba apunto de arder, tuve que salir corriendo con mi caballo y mis cosas hacia el bosque. No antes de salvar unas cuantas monjas. Cuando por fin llegué a Santiago me sentí orgullosa de mi misma y ansiosa de ver la tumba.
Esta es mi historia y espero que recordéis llevar siempre una espada al camino de Santiago.

Raquel García Sampedro

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Las hazañas de Pelayo

 

 

Las hazañas de Pelayo

 

Esta historia trata sobre Pelayo Beltrán, un campesino asturiano de 36 años, que vivía con su preciosa esposa y sus cuatro hijos en los Picos de Europa. Pelayo era alto y fuerte, con ojos verdes rasgados y una larga melena rubia que llevaba atada en una coleta, solía llevar una larga barba.

Tenía una granja con animales, su mujer se encargaba de la pequeña huerta, de ordeñar las vacas y de recoger los huevos de las gallinas; sus dos hijos mayores de 19 y 17 años le ayudaban con el trabajo más duro, con los animales y en la cosecha; y sus otras dos hijas mellizas de 12 años ayudaban con las tareas de la casa y la cocina.

Pero aquel año Pelayo estaba desesperado porque la gran sequía estaba afectando a la cosecha y no podían pagar los impuestos y su libertad corría peligro. Influenciado por las hazañas de Alfonso II (el Casto), rey de Asturias  que fue el primer peregrino conocido en la antigüedad, decidió peregrinar a Santiago a pedirle al apóstol lluvias en sus tierras. Esa misma noche le contó la idea a su mujer Leonor. Ella supuso que estaría de vuelta en unas dos semanas y le pareció una buena idea.

Al día siguiente, 6 de Julio del 1108 al amanecer, Leonor le preparó una cesta  con bollos preñaos, huevos cocidos, manzanas y un trozo de queso. Pelayo cogió unas cuantas monedas y aunque era verano cogió ropa de abrigo para pasar las noches.

Se despidió de su familia y comenzó su andadura desde los Picos de Europa hasta Covadonga, donde pasó su primera noche. Bien temprano por la mañana decidió guiarse por un grupo de peregrinos que venían de Oviedo a Covadonga. Comenzó a caminar rumbo a Oviedo y al llegar pudo contemplar la hermosa iglesia. A su paso por la capital vio Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo y San Julián de los Prados, monumentos del prerrománico asturiano, y Pelayo quedó asombrado de tanta belleza concentrada en el Reino de Asturias.

Decidió seguir su ruta por el llamado a día de hoy, camino primitivo, que en aquellos tiempos no era más que calzadas y senderos llenos de maleza y por donde uno tenía que tener mucho cuidado, sobre todo con los bandidos y guerreros que pudiera encontrarse en su camino.

Pelayo caminó durante días con un único objetivo en su cabeza, llegar a Santiago. En su camino se guiaba por su instinto, el sol, las estrellas, las montañas y por lo que le iban diciendo los peregrinos que iba encontrando por el camino. En el trayecto pasó por San Juan de Villapañada, Salas, Tineo y a la altura de Pola de Allande, su suerte cambió; después de haber comido un bollo a la sombra de un roble y haber descansado un rato, Pelayo se disponía a seguir su camino, cuando fue atacado por un par de bandidos despiadados, que querían dejarle sin nada,  le quitaron su precioso jersey de lana, tejido por Leonor, ¡y todo lo demás! Cuando le tenían completamente inmóvil, apareció un noble en un caballo empuñando su espada, gritando bien alto, ¡dejad en paz a ese hombre, pobre campesino indefenso! Los ladrones salieron por patas al ver al guerrero.

Entonces el noble caballero se bajó de su caballo y le ayudó a levantarse:

-¿Cómo se llama buen hombre? (le preguntó)

-Me llamo Pelayo señor, soy asturiano ¿y usted?

-Mi nombre es Thomas Cooper (dijo con un extraño acento) soy inglés y me dirijo a Santiago de Compostela para encontrar una princesa que conmigo se quiera casar.

Decidieron seguir juntos el camino hacia La Mesa, fueron viendo Torres, Palacios y hermosas iglesias y fueron conociéndose en el trayecto. Tras varias horas los dos hombres habían llegado a un acuerdo, Pelayo ayudaría a Thomas a mejorar su español y este a cambio le pagaría las comidas y las noches que no pasarían a la intemperie.

Esa misma noche fueron a parar a una taberna en el pueblo de La Mesa, donde bebieron vino y comieron caliente, pasaron la noche allí mismo. Por la mañana se dirigieron hacia Grandas de Salime y por el camino a lo largo del río Navia, atravesando un hermoso puente de piedra, conocieron a Pedro, un joven peregrino que lo había perdido todo en la guerra. Pedro se dirigía también a Santiago ya que allí tenía  un tío, con el que se había estado carteando por mensajero durante un tiempo y al que quería conocer. A su paso vieron molinos y comieron pan fresco.

Él se ganaba la vida ayudando en granjas y de esa forma consiguió unas cuantas monedas para realizar el viaje, se alimentaba cazando liebres y comiendo bayas.

Los tres se hicieron muy amigos y así el camino se hizo menos duro.

Ya llevaban unos nueve días caminando sin descanso, y su siguiente parada era Fonsagrada. Cada vez les era más difícil soportar el clima ya que en verano los días eran largos y calurosos. Pero aprovecharon las cascadas del camino para darse un chapuzón y refrescarse.

Decidieron pasar la noche en la entrada de una pequeña capilla que se encontraron por suerte en mitad del camino.

A los dos días ya habían pasado por O Cádavo Baleira, y Lugo, donde vieron la muralla romana. Iban de camino a San Romao da Retorta.

Por el pequeño sendero se encontraron con un par de jóvenes. Los tres ya llevaban un buen rato caminando y estaban bastante cansados y los muchachos les convencieron de que había una taberna muy cerca donde podían recuperar fuerzas. Al final acabaron aceptando pero lo que no sabían era que las cosas se les iban a ir de las manos

A la mañana siguiente, los tres se despertaron todavía en la taberna, esos canallas les habían engañado y robado todo su dinero, mientras ellos dormían.

Así que se dispusieron a ir tras ellos. Lo primero que se les ocurrió hacer fue preguntarle al amable hombre que les había atendido si sabía algo, y él les dijo que cuando se iban les había oído decir que se dirigían a Santiago como ellos. Así que recogieron sus cosas y siguieron su camino esperando poder encontrarles cuanto antes. No se tomaron ningún descanso e iban a un ritmo bastante rápido, incluso cogieron unos atajos. Ya que no les llevaban mucha ventaja, les consiguieron alcanzar sobre el medio día.

Les vieron en la distancia así que se metieron por un pequeño camino entre los arbustos para adelantarles sin hacer ruido.

Los ladrones sin darse cuenta de que les observaban, siguieron su camino, cuando de repente los tres se abalanzaron sobre ellos desde los arbustos. Dejaron a los dos muchachos inmóviles en el suelo, cogieronsu dinero de vuelta, y les ataron con una cuerda contra unos árboles.

Los tres amigos siguieron su ruta hacia Melide, decidieron atravesar el bosque pero no sabían lo que iban a encontrar allí, de repente oyeron un ruido y vieron un enorme oso que les miraba atentamente, no sabían qué hacer, pero,  al cabo de unos  segundos estaban luchando contra el oso como podían, con piedras, cuchillos, Thomas con su espada, cuando la situación era ya muy difícil una flecha atravesó el pecho del oso, los tres muchachos quedaron parados, de entre las malezas a la orilla del río salió Brais, un joven gallego que vivía en esas tierras, les dijo:

-¡Habéis tenido suerte de encontrarme o de lo contrario estaríais muertos!

-¡No sabemos cómo agradecerte que nos hayas salvado la vida!

-Pues podéis ayudarme con el oso, aprovecharé sus pieles y su carne para llevar a casa

-De acuerdo (dijeron ¡los tres a la vez!).

Mientras  que  comenzaron a trabajar despellejando al oso, Thomas empezó haciendo un fuego cerca del río para poder degustar la carne. Cuando acabaron todos, comieron y descansaron para el tramo final.

Después de la comida se despidieron de Brais y  decidieron caminar sin descanso hasta llegar a Santiago.

Cuando llegaron a la ciudad estaban agotados, suerte que el tío de Pedro les esperaba con un plato caliente y un buen baño que, ¡les vino muy bien a todos!

Al ver la catedral de Santiago quedaron sin palabras, tanta belleza y tanta gente, Pelayo nunca lo hubiera imaginado. Tras visitar al apóstol y lanzar sus plegarias, se dedicaron a ver la ciudad, con sus calles empedradas y su mercado. Entraron en una taberna a beber vino y se fueron despidiendo. Pelayo debía regresar a casa con su familia, Thomas tenía planeado seguir conociendo los caminos de España en busca de su princesa y Pedro se quedaba en Santiago con su tío.

Fue un largo camino de vuelta para Pelayo, que fue parando en granjas donde podría pasar las noches y le daban algún plato de comida caliente. Al entrar en los montes asturianos comenzó a llover con fuerza, Pelayo nunca estuvo tan feliz y comenzó a dar saltos de alegría porque Santiago había escuchado sus plegarias

Corrió hacia su casa y abrazó con fuerza a su familia y todos lloraron de alegría y felicidad.

Pelayo llevaba telas y calzado de cuero para Leonor y sus hijos que había adquirido en el mercado de Santiago de Compostela, les contó todas sus hazañas y aventuras y todos atendían con la boca abierta a todas  sus historias, fue una gran experiencia para todos y un año de buena cosecha del que todos estaban agradecidos.

                                                                                                                         

Nicole Riding      

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Relatos del Camino de Santiago

Publicamos, a continuación, una serie de relatos ambientados en el Camino de Santiago, realizados por los alumnos de la profesora de Historia Patricia Rozada Von Litsenburgh, continuando así la estela de los realizados el pasado curso. 

Camino de Santiago

Me llamo Elisa de Aquisgrán. Tengo dieciocho años y soy la hija del rey Lotario. Y me acabo de escapar del castillo, para recorrer el Camino de Santiago y llegar a Galicia. Pero retrocedamos un poco en el tiempo, dónde todo empezó.

Era la mañana de mi cumpleaños así que me desperté más pronto de lo normal. Me vestí rápido y me dirigí a la capilla del castillo para darle los buenos días al cura. Es muy amable y siempre me da buenos consejos. Estaba a punto de entrar cuando oí unas voces susurrando en el interior.

-Hoy, diecisiete de junio, las princesas cumplen dieciocho años, y el rey debe designar un heredero con el que la princesa se casará. Pero Elena es unos minutos mayor, así que por ley ella es la sucesora. Sé que ha pasado mucho tiempo, pero deberíamos intentarlo. – Dijo el cura.

– Señor han pasado dieciocho años, es totalmente imposible que la encontremos. Además, deberíamos ir hasta Galicia y tardaríamos semanas, quizá meses solo en llegar. – contestó el otro hombre.

Tuve que apoyarme en la pared para no caerme, ¿princesas?, ¿quién es Elena? Esperé a que el cura se quedase solo y entré echa un manojo de nervios.

-Buenos días señorita Elisa- me saludó.

-Buenos días don Luis. Verá, no era mi intención escuchar, pero he oído su conversación y… ¿Quién es Elena y porque decían que ella era la sucesora?

Su rostro se ensombreció por la preocupación.

-Elisa… Hay algo que no sabes. Tienes una hermana gemela llamada Elena, ella es la mayor. Cuando teníais tan solo un año fue secuestrada y lo único que quedó de ella fue una nota que ponía que se la llevaban al suroeste, al santuario de Dios en la tierra. Estoy seguro de que se referían a Santiago de Compostela, así que deberás recorrer el camino de Santiago. Es crucial que la encontremos antes de que el rey nombre a un heredero, pero solo tú puedes hacerlo. Lleva en la muñeca una pulsera exactamente igual que la tuya, así podrás reconocerla. Pero debes partir ya, porque en cuanto vean que no estás mandarán partidas en tu búsqueda. Toma, sigue el camino de este mapa y no le digas a nadie quién eres ni de dónde vienes.

– La encontraré- dije decidida, con mil pensamientos cruzando mi cabeza.

-¡Buena suerte!

Salí disparada de la capilla y me puse un vestido de las doncellas para pasar desapercibida. Llené un zurrón de provisiones y cogí al corcel más rápido de los establos. Le espoleé y comencé mi camino.

La primera etapa fue la más dura pues tendría que llegar hasta París para seguir la ruta principal y segura. Durante días, tuve que cabalgar por estrechos senderos y oscuros bosques, procurando ir cerca de los carromatos y viajeros. Todas las noches me ponía cerca del carro de unos mercaderes e intentaba dormir como podía, ya que tenía un miedo atroz a que nos asaltasen los bandidos.

A la mañana del octavo día de viaje, cuando ya había traspasado la frontera de Francia, oí a unos campesinos hablando sobre que el rey Lotario había mandado partidas en búsqueda de la princesa. Ahora tendré que ir con mucho más cuidado. Horas más tarde, un grupo de caballeros de mi padre pasaron trotando a mi lado, pero por suerte no me reconocieron. Pero,  cada vez venían más y más grupos de ellos y estaban empezando a interrogar a los transeúntes. No tuve más remedio que cortarme mi larga melena rubia a la altura del cuello y de ensuciarme la cara con barro para que no me reconociesen. Jamás pensé que sería capaz de hacer este tipo de cosas, pero no puedo fallar a mi hermana.

Al cabo de dos duras semanas,  llegué a París. Entré en algunas tabernas para enterarme de los rumores y se decía que el Rey Lotario había retrasado la ceremonia en la que designaría al marido de la princesa y futuro rey. Eso eran buenas noticias.              

Luego, entré en la catedral de Notre Dame y me quedé absolutamente maravillada. Nunca había imaginado que un lugar pudiera ser tan amplio y majestuoso. En ese momento, me di cuenta de todo lo que me había perdido al no haber salido nunca de Aquisgrán. Recé una rápida oración y continué mi camino. 

Según el mapa, debería seguir la vía de Tours. Por suerte el camino era ancho y seguro, lleno de viajeros. Me puse de acuerdo con una familia de mercaderes que también viajaba a España y dormí en su carromato todas las noches.

Las siguientes semanas fueron monótonas y agotadoras. Nos despertábamos al alba y no parábamos hasta el anochecer. Cuando llegamos a Burdeos nos sorprendió una tormenta horrible que nos retrasó varios días. Pero seguimos adelante, como siempre.

Todos los lugares en los que parábamos me dejaban embelesada por su belleza: la catedral de Tours, la de Notre Dame, la Basílica de Saint Seurin en Burdeos…

Después de unas arduas y largas semanas, por fin cruzamos la frontera de España y tras una parada de una semana en León dónde visité su majestuosa catedral, llegamos a Santiago de Compostela. Me despedí de la familia que me había acompañado y me dirigí a la catedral, pues no sabía qué hacer ni dónde buscar a Elena.

Me senté a rezar y de pronto vi a una joven de espaldas, con el mismo pelo y de la misma estatura que yo. Me fijé en su muñeca y llevaba una pulsera exactamente igual que la mía. Se giró y me miró.

-Elena – susurré. No hizo falta decir nada más. Se acercó y me abrazó entre lágrimas. Por fin la había encontrado, por fin estaba completa.

Nos sentamos y le conté todo: que en realidad era una princesa, que la habían secuestrado hacía muchos años, que debíamos volver a Aquisgrán juntas…

Ella lo comprendió todo y dijo que volviéramos cuanto antes. El camino de vuelta fue mucho mejor que el de ida, pues esta vez no estaba sola. Nos dio tiempo a conocernos y a enseñarle todo lo que debía saber para ser una reina.

Cuando llegamos nuestros padres se quedaron asombrados y la recibieron con los brazos abiertos. Dos semanas más tarde la coronaron reina y se casó con un príncipe, que también pasó a ser rey.

Ahora ya han pasado muchos años de eso, pero es una historia que me encanta contar a mis hijos, para que ellos se lo cuenten a los suyos, y siga así para siempre.

Carla Rejas Mallada, Segundo de ESO B

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Concurso de Microrrelatos. Edición 2020

 

Estimados alumnos:

A pesar de las circunstancias adversas por las que hemos atravesado este curso, todo ha ido siguiendo su cauce y vuestra participación en la edición de este año, del Concurso de Microrrelatos ha sido masiva. Por ello, queremos agradeceros a todos vuestro interés y que nos hayáis enviado vuestras pequeñas joyas literarias, a pesar de las dificultades evidentes que nos ha traído esta etapa histórica. Felicitaros a todos y, especialmente, a los alumnos ganadores de esta edición.  En la pestaña correspondiente del blog podéis disfrutar de la lectura de los microrrelatos ganadores de esta edición 2020.

Gracias, de corazón, a todos y nos volveremos a ver en la próxima edición.

 

Departamento de Lengua castellana y Literatura.

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El Camino de Santiago en la Edad Media

 

 

Soy Gadea Vázquez Núñez , tengo 19 años y nací en el año 983. Estamos en el año 1002, vivo en Asturica. Mis padres son campesinos. Mis amigos Beltrán, Aldara y yo vamos a hacer el camino de Santiago para pedir el perdón de Dios porque hemos robado a otros campesinos para poder sobrevivir y no morirnos de hambre, ya que con tantos impuestos casi no nos queda comida. Por eso, estamos dispuestos a hacer el camino de Santiago, marcharemos del poblado en un día a este camino tan largo, nos tendremos que llevar burros con grandes alforjas. En esas alforjas meteremos un poco de comida y túnicas de repuesto . Para este camino hay muchas rutas diferentes, pero nosotros hemos decidido escoger el de la costa del norte .

   Empezamos en Gijón, a 25 km de Avilés, esta etapa es sencilla y relativamente corta. Ahí nos refugiamos en la casa de unos conocidos con los que solemos hacer trueques y los burros los dejamos en su establo.

   Al día siguiente, salimos rumbo  a Muros de Nalón, esta etapa es de 22,5 km. Esta vez nos refugiamos en una iglesia a la que llegamos empapados y llenos de barro debido a las fuertes lluvias que había. Los burritos los dejamos en una establo del pueblo.

   Nuestra tercera etapa es de 16 km hasta Soto de Luiña. En esta etapa hubo muchas subidas y bajadas e íbamos por el interior de la Península Ibérica. Una vez allí, dormimos bajo las estrellas y los burros los atamos a un árbol.

   La cuarta etapa es Cadavedo, que nos quedaba a 23 km de Soto de Luiña. En este tramo del camino, hubo mucho desnivel y aquí pudimos descansar en una torre de la Baja Edad Media, es una torre popularmente muy conocida por ser una torre defensiva y medieval. En esta etapa no descansamos y seguimos caminando hacia Luarca que fueron 16 km en plena noche. Fue una etapa cómoda y corta , con un paisaje verdaderamente fantástico. Cuando llegamos a este maravilloso pueblo nos acogieron en una casa con seis hijos para poder descansar porque estábamos agotados por hacer dos etapas seguidas .

   Después de dos días de descanso con una familia muy amable, retomamos el rumbo hacia La Caridad, que nos  quedaba a 29.5 km. Esta etapa fue la más larga de todas, pero, después de hacernos dos seguidas, de un total de 39 km, podríamos bien con ella. En esta parte del  camino no tuvimos vistas al mar y debido a eso se nos hizo un poco más largo de lo que nos esperábamos. En La Caridad nos refugiamos en una casa medio en ruinas.

   Al día siguiente, marchamos rumbo a Ribadeo, un camino de 22 km corto y llano. Una vez allí nos acogieron unos monjes y nos dieron sopa de champiñones que estaba deliciosa. La verdad es que a todos nos sorprendió que los monjes nos acogieran, pero, por lo que nos dijeron en el pueblo, esos monjes eran diferentes: ayudaban a la gente del pueblo siempre que podían y donaban comida a las familias con más hijos y que tuvieran una mala situación económica.

   Después de pasar una buena noche en la iglesia tomamos rumbo a Lourenza a 30 kilómetros de Ribadeo. En esta etapa ya fuimos yendo hacia el suroeste. Lourenza era un pueblo con poca gente y esta vez volvimos a dormir bajo las estrellas ya que hacía una noche muy buena y no había ninguna nube.

   Al día siguiente, empezamos otra etapa que duraba 23 km y nos llevaría a Gontán. Esta etapa tampoco es muy larga, tiene subidas y bajadas. Cuando llegamos allí, todavía era temprano y decidimos hacernos otra etapa más hasta Vilalva. Esta fue muy corta, solo 18 km y el paisaje era hermoso. Cuando llegamos allí dormimos otra vez al aire libre, definitivamente el tiempo estaba a nuestro favor.

   Ya hace once días que salimos de nuestro hogar:  hoy nos dirigimos hacia Arzúa en una dura etapa de 59 km. Está llena de subidas y bajadas, constantemente, que hacen que nuestras piernas se cansen más de lo habitual. Cuando por fin llegamos, nos alojamos en una casa de una familia muy amable del pueblo.

   Ya sólo nos queda la última etapa de 38,2 km. Una vez que llegamos, dejamos los burros atados a un km de distancia de la catedral. Fue impresionante ver delante de nosotros esa maravilla. Nos dispusimos a entrar  y lo primero que hicimos fue ir a  confesarnos. Después acudimos a una misa diaria durante  el tiempo que estuvimos en esta ciudad tan hermosa. 

 

 

 

 

Dana Álvarez. Segundo de ESO C

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Agradecimientos

 

Desde el departamento de Geografía e Historia, los alumnos y alumnas de Segundo de ESO han realizado con su profesora Patricia un  proyecto sobre la peregrinación en la Edad Media a Santiago de Compostela. Para ello, han hecho caso a su imaginación, y se han puesto en la piel de un peregrino o peregrina  en aquella época. La profesora ha quedado muy satisfecha con sus relatos y buena prueba de ello, son los que publicamos en el Blog de la Biblioteca del IES. Gracias al Departamento de Lengua Castellana y Literatura por permitir su publicación y gracias a vosotros y vosotras por dejaros llevar por la Edad Media, y lo más importante por sentir, imaginar y crecer.

Patricia Rozada Van Litsenburgh

 

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El Camino de Santiago

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 Me llamo Carmen de Lara, nací el 22 de agosto del año 1400 en un pueblecito muy cerca de Roncesvalles, lugar por donde pasa el Camino de Santiago francés. Pertenezco al estado llano, trabajo de costurera real y actualmente tengo 50 años. Desde que era niña oía leyendas sobre el Camino de Santiago y las historias de por qué la gente lo hacía. El día que mi hermano enfermó decidí que era el momento para hacerlo yo. Comienzo el camino en Roncesvalles; (caminado son una 146 horas y 705 Km). La ruta pasa por: Pamplona, Burgos, León, Lugo y Santiago.El-Camino-de-Santiago2-450x218

Comienzo una mañana de primavera, lo tengo todo listo para iniciar mi peregrinaje, con solo: mi zurrón, con la calabaza, bastón, la concha de vieira, el sombrero para protegerme en las horas del sol y una buena capa que yo misma hice para protegerme de la lluvia y de las horas mas frías. Me acompaña mi hermano pequeño, juntos vamos a pedirle al apóstol salud para nuestro hermano mayor y que se cure pronto.

pilgrim-caminoCuando voy a mitad del camino llegando a un albergue, cerca de León me retuerzo un tobillo, en mi zurrón llevo una venda y también en el albergue me miran por si tengo en el tobillo algo que me impida continuar al día siguiente con la ruta. Por suerte amanezco sin dolor. Durante el trayecto comentamos que no nos ha llovido casi y había lugares preciosos, paisajes muy diferentes a los que yo estoy acostumbrada a ver en el pueblo del que nunca había salido, bonitos puentes recién construidos, también las iglesias y catedrales que impresionan por su tamaño. Sin duda la mas impresionante de todas es la…Catedral de Santiago.1332413181800

El camino de Santiago es una experiencia preciosa, que además de conocer sitios y gente nueva, te hace pensar en las cosas y las personas que tienes. Yo la volvería a hacer sino fuese de que tengo que volver a mi trabajo en palacio, como costurera real.

1f6a7e30abc03545caf1bbab3a04a2d6--sundialCarmen González Larath (1) Segundo A 

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¡VAMOS A REALIZAR EL CAMINO!

 

Hoy por la mañana me desperté contenta, porque hoy sería el día en el que podría recorrer un camino que me llevaría hasta Santiago de Compostela y decidí ir por el Camino Portugués que es el más cercano a mi casa. Pero, antes, me gustaría presentarme; soy Adela Belo Costa y nací el 9 de Marzo de 1388 en O Matelo y con mis 25 años me propongo recorrer el Camino Portugués para darle gracias al apóstol Santiago por haber curado a mi hermano de una terrible enfermedad.

A pesar de ser de la nobleza me gusta salir y visitar la naturaleza, siempre teniendo en cuenta los animales y los depredadores que pueden andar por ahí. Pero aún así decidí recorrer el Camino Portugués.

El camino sería algo largo, estaría fuera de casa unos doce días realizando ida y vuelta, recorrería unos 232 Km. en total:

  • Tuy – Porriño (16 km).
  • Porriño – Redondela (14 km).
  • Redondela – Pontevedra (21 km).
  • Pontevedra – Caldas de Reyes (22 km).
  • Caldas de Reyes – Padrón (21 km).
  • Padrón – Santiago (22 km).

 

Ya llevaba todo lo necesario para comenzar mi aventura, cogí todo el agua posible y toda comida que pudiese llevar, aunque también llevaba otros utensilios que podría necesitar.

Comencé mi viaje en dirección a Tuy y eso incluiría salir de Portugal e irme a España; aunque tardé un poco, la espera valió la pena, aquello era precioso y diferente a lo que me había imaginado.

A mí alrededor veía árboles con un color muy verde y unas pequeñas aldeas por otras zonas; pero lo que más embellecía a la ciudad era su catedral, (Santa maría de Tuy).

Allí pase la noche, la verdad, me costó encontrar a alguien que me ayudase a resguardarme del frío pero al final encontré a una familia de campesinos muy amables, pero hambrientos y en mal estado, yo les di las gracias y para agradecerles la estancia les di un poco de mi comida y de mi agua.

Al día siguiente cogí mis cosas y me dirigí a Porriño. Esa vez me costó un poco más llegar, tuve que dar un buen rodeo al camino debido a que había unos hombres con cara de pocos amigos, en mi opinión, así que tardé un poco más de lo esperado.

Tras dar ese rodeo quedé agotada y mis piernas no daban a más. Al llegar a Porriño, vi que era diferente a Tuy; ahí me encontré el Ayuntamiento. Tuve que acercarme a un mercado porque me quedaba sin provisiones y así descansaría un poco. Aunque yo ya sabía que este viaje no iba a ser fácil quise continuar y estuve día y noche yendo entre colinas, valles, rocas, bosques, etc, claramente sin olvidar a los peligros naturales que me podría encontrar.

Por fin cambié de lugar y contenta de haber conseguido llegar hasta allí sin descanso, decidí pararme en una de las casas a descansar, (aunque en esa situación fue más sencillo  encontrar alojamiento). Redondela era un lugar muy bonito, al sur de la ría de Vigo, árboles y casas pequeñitas pero los que más llenaba la ciudad era su gran mercado.

Allí me quedé todo el día a descansar; lo suficiente como para que a la mañana siguiente pudiese seguir con me viaje. Lo único que me hizo ir más despacio fue el frío al amanecer, pero por suerte la familia con la que me había quedado era comerciante y como tenían varias mantas, me prestaron una.

Por desgracia, como me había sucedido la última vez tuve que dar un buen rodeo al camino, porque había un gran precipicio y no pude continuar, así que tomé un desvío.

Una vez en Pontevedra vi la Basílica de Santa María la Mayor en medio de la aldea, era muy bonita, pero no me podía quedar mucho tiempo más, así que continué con mi ruta. Esta vez me sorprendió que el camino estuviese tan despejado de peligros, lo que hizo que me fuese más rápido llegar hasta Caldas de Reyes.

En mi camino me encontré un pequeño río y algunos árboles tapándole; aproveché y cogí un poco de agua de éste para el resto del camino.

Seguí caminando y a lo lejos vi una iglesia, pero a medida que me iba acercando vi que era concretamente la iglesia de Vemil (de estilo románico). Aunque no me quise retrasar demasiado quise dar una vuelta para verla mejor y visitar la ciudad.

Tenía muchas ganas de llegar a Santiago de Compostela pero ya se me había hecho tarde así que tuve que acampar porque todavía no había encontrado ninguna aldea, así que me puse las mantas que me habían prestado en Redondela. A la mañana siguiente me dirigí hasta Padrón.

Sin duda lo que más me sorprendió al llegar fue la Iglesia del Carmen, en mi opinión era enorme, tenía cuatro campanas en su parte alta y había mucha gente observando esa increíble construcción; sin embargo yo tuve que seguir, ya no me faltaba nada para llegar hasta Santiago. De tal emoción no quise descansar; eran un montón de sentimientos los que tenía por haber llegado tan lejos

Y por fin llegué, conseguí llegar hasta Santiago. Allí me quedé todo el día y le di las gracias al apóstol Santiago por haber curado a mi hermano.

El camino de regreso, se me hizo más corto, pero a la vez supe qué es lo que me iba a encontrar porque eso ya lo había vivido, lo único que cambió fue que en el trayecto de vuelta desde Porriño hasta Tuy, los hombres que me había encontrado ya no estaban.

Todo lo que me había sucedido se lo conté a mi hermano, y orgulloso de mí y a la vez yo conmigo misma, tuve una experiencia nueva para contar y un recuerdo bonito que guardar.

 

 

Laura Gracia. Segundo de ESO A