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El viaje

Me llamo Samuel Vara Ríos y soy un peregrino, nacido en el 14 de febrero de 1458 d. C. en Oviedo (Asturias), en el siglo XV.

Mi oficio desde que cumplí los 18 años fue el de ser herrero, al fin y al cabo, siempre me gustó estar trabajando con metales, esculpiendo nuevas armas, además de que a mi padre era un oficio en el que le hubiera gustado trabajar (por lo menos eso decía siempre). Y soy conocido como el mejor herrero de la ciudad (la verdad, menudo privilegio, así nunca pasaré hambre).

Bueno y ¿por qué si tengo una vida tan buena quiero peregrinar? ¿no? Pues es debido a mi pasión y a mis ansias de conocer mundo, para el día de mañana experimentar que he visto más tierras que ningún otro, y morir honorablemente.

Yo, desde pequeño, me he fijado en mi estamento (en este caso al estado llano, ya que soy un burgués) y lo que más me pesa de ello es que creen que sólo nos debemos dedicar a trabajar y a pagarles los impuestos a los privilegiados (nobleza y clero). Si el mundo fuera un lugar bonito sería al revés, pero, ¡bueno! ¿qué otra opción queda? Aunque, siempre me hubiera gustado ser noble, tan solo por participar en la guerra.

Me acuerdo aún de el año que peregriné, estaba muy nervioso. Recuerdo que tenía 29 años, casi 30 (la cual era la esperanza de vida promedia en esta época); todos me decían que ya era muy viejo para esos trotes, pero, era una misión y una meta que debía cumplir, de tal calibre como un juramento. Aquello fue en el 1487 d. C.,  era una época innovadora y esperábamos grandes cosas, pero,  la verdad,  no cambió mucho.

El camino que escogí fue la ruta del Norte ya que pasaba justo por mi villa y era la más recomendable, ya que según la gente del pueblo por esta no encontraría bandidos (salvo por la noche,  ya que eran cuando más abundaban) y tendría más posadas en las que descansar que en ningún otra (aunque rara vez alguien de allí habría hecho la mitad del camino).

Nada mas despedirme de la gente de la villa,  me encaminé hacia la primera etapa del camino: Tineo. Aquí la gente del pueblo me recomendó visitar la iglesia de San Francisco,  en la cual había un cura muy compasivo y con ideas indiscutibles, que me impactó y, a su vez,  esas grandes praderas verdes que parecían de ensueño. Nada más caer la noche fui a una posada, ya que para la segunda etapa tardaría más,  así que nada más despertarme,  me encaminé hacia allí, entrando en Galicia. Cuando llegué a Fonsagrada,  pueblo el cual no se podía decir que bonito no fuera,  aquí visite la Torre de Burón una torre muy singular y una atalaya de este mismo siglo, nada más caer la noche para poder dirigirme hacia la tercera etapa. Tres hombres me saquearon y me dieron una paliza. Al despertar,  me encontré en una posada situado en unos restos de hospital  de Montouto.  Allí,  la mujer que lo dirigía me dio dinero suficiente y ropa para poder seguir, pero, debido a las heridas perdí un día de viaje. Además de todo lo que hizo la mujer, se lo agradecí mucho y la ayudé en sus tareas diarias antes de marchar cuando llegué a Lugo, la cual estaba rodeada de una gran muralla. Me quedé en su sombra un rato debido al calor abrasador, también, fui a la Catedral de La Virgen María. Allí rece para la salud de mi viaje y me encaminé hacia mi destino. Como no me daba tiempo,  esa noche no dormí y seguí caminando (aunque tuve suerte de no toparme con bandidos por el camino),  ya que la gente del pueblo me dijo que Palas de Rei estaba amenazada por un demonio,  aunque yo nunca fui muy supersticioso decidí no pasar por ahí y que mi camino siguiera estable. Y llegué a Melide.  En mi opinión,  era un poco sosa debido a que no tenía edificios interesantes,  aun así rebusqué y pude visitar la Iglesia de Santa María:  en el interior, destaco las bonitas pinturas de los muros. No encontré nada más y me puse rumbo a Arzúa. Ya quedaba muy poco para llegar a la meta, pero, quería visitar Arzúa, ya que no la conocía. En la entrada tuve un problema con un guardia,  ya que creía que era un espía. Tuve  que ir al calabozo. Allí desmintieron esa información y pude salir libre. Me llevó medio día, pero, aun tenía tiempo. Visité claramente las Iglesias de Magdalena y de Santa María,  ya que mi madre desde muy pequeño me pidió que,  si algún día viajaba por todo el mundo,  las visitara y pasé por el puente de Ribadiso.  Y,  finalmente,  cumplí mi objetivo:  llegar a Santiago de Compostela y venerar las reliquias de Santiago el Mayor. Pero, también,  tenía en mente reflexionar sobre mi vida,  y cambiarla o no. Mi viaje en total me llevó unos cinco días. Finalmente,  lo decidí. Aunque según las estadísticas, el límite de la vida sean los 30 años,  viviré uno o más, viajando por todo el mundo. Así, dejaría mi oficio, pero, también, podría ayudar a forjar armasen una posada, y más cosas. A cambio de dinero y de comida, estaba decidido. Los aspectos positivos de la ruta fueron conocer mundo, tener más cultura, conocer personas de buen corazón, visitar grandes iglesias y saber lo que quiero en mi vida. (Al final no tendría que haber corrido tanto).

 

Samuel Vara Ríos. Segundo de ESO E

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