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Concurso de microrrelatos 2018

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JUUL

Seguro que habéis visto esta exposición en la entrada del centro, pero es posible que no os hayáis parado a verla con detalle. Pues bien: este es Juul.

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Juul es un muñeco de madera que representa a un niño, a cualquier niño. Juul es un cuento bastante duro sobre todo lo que puede llegar a sufrir alguien cuando los demás se ríen de él, cuando lo insultan, cuando critican… Juul podemos ser todos. Y echarle un vistazo a Juul nos puede enseñar muchas cosas.

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Podéis escuchar el cuento de Juul aquí.

 

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Concurso de Microrrelatos 2018

Como es tradicional ya en el Instituto, celebramos una nueva convocatoria del Concurso de Microrrelatos. Todos estáis invitados a participar en la gran fiesta de la Literatura, que coincide con el Día del Libro. ¡¡¡ Ánimo y deja volar tu fantasía y tu creatividad !!!! Esperamos vuestras creaciones. 

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¡¡¡Tenemos novedades!!!

¡Extra, extra! ¡Tenemos novedades!

La semana pasada tuvimos la suerte de acudir a un taller sobre Literatura Juvenil en el que nos contaron un montón de cosas sobre nuevos libros, nuevas lecturas que nos apetecieron muchísimo y que creemos que os van a gustar.

Así que aquí tenéis esas novedades que en estos días ya estarán disponibles para el préstamo.

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Si queréis saber algo sobre esta saga, casi mejor … http://www.laespadaenlatinta.com/2015/06/resena-medio-rey-joe-abercrombie-fantascy.html

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La serie de La lección de August ya la tenemos completa ( antes de ver la película estas navidades, dadle una oportunidad al libro: no os defraudará). Ciudades de papel… con lo que gusta John Green…

Prohibido leer a Lewis Carroll es un libro genial, un poco loco y con uñas ilustraciones chulísimas. Además de ganador de premios, claro.

En cuanto a Los amigos es una novela de la japonesa Kazumi Yumoto que trata el tema de la muerte pero de una forma distinta y divertida. Ganadora de varios premios y traducida a más de diez idiomas, estamos seguros de que os gustará.

Y tenemos más!!!!

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Unas pinceladas:

Stéfano ——–https://youtu.be/66hONeCjKOo

Una arruga en el tiempo—– http://entremetaforas.es/una-arruga-tiempo-madeleine-lengle-resena/amp/

Eleanor y Park es 😍😍😍😍😍

Y Sweet  Sexteen si lo que os apetece es conocer cómo fueron las cosas en realidad

¿Qué tal si os pasáis,  les echáis un vistazo y probáis nuevas lecturas? ¿Alguien se anima?😀

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El rincón de la biblioteca

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¿Lo has visto? Si te has pasado estos días de atrás por la biblioteca, seguro que sí. Era nuestro rincón dedicado a la literatura de terror. Algo tiene el miedo que nos gusta. Ese subidón de adrenalina…y la literatura tiene ejemplos a miles.

Estos últimos días de octubre, mientras el departamento de Inglés celebraba Halloween, también nos hemos enterado de que existe el Samaín ( o Samhaín) desde hace un montón de siglos. Que los cuentos de miedo, contados a oscuras, a la luz de una hoguera en los campamentos o  al calor de una cocina de carbón, no son una moda de ahora.

También hemos investigado en otras culturas. En México, celebran con mucha alegría la muerte,con disfraces, mariachis y comida con forma de calaveras y esqueletos. Y la Catrina, que es uno de los nombres que recibe la Muerte, la de la Guadaña, desfila por las calles pintada de colores, y adorna casas, pulseras y tartas.

El rincón seguirá en pie. ¿Os pasáis y le echáis un vistazo?  Buena semana, lectores.

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Día de las bibliotecas

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      En este mundo que nos toca vivir lo celebramos todo y hoy, en concreto, se celebra el día de las bibliotecas.

      Alejandro Palomas, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil de 2016 ( y autor de Un hijo, entre otras novelas) es el encargado este año de hacer el pregón para conmemorar este día. En él, nos cuenta un recuerdo y nos hace ver la importancia de las bibliotecas para muchos.

Texto del pregón: “Como Mary Poppins, pero sin volar”

Soy sobrino de bibliotecaria. Desde que tengo memoria, mi tía, que acaba de cumplir ochenta años, me ha regalado un libro el día de mi cumpleaños. Primero fue la serie de Osear, con su Kina y su láser, de la gran Carmen Kurtz; llegaron después las aventuras de Los Cinco,algunos clásicos ilustrados, la gran Nada de Carmen Laforet… La lista es larga y el disfrute ha sido mágico, porque mi tía entiende la lectura como algo que cura, que aleja al inocente de lo que agrede, y yo -y ella lo sabe- siempre he sido demasiado vulnerable a lo que daña, sea o no imaginado, sea o no real.

Mi tía se llama Nuria y desde niña sufre mucho de la vista. Aun así, trabajó durante décadas fomentando el amor por la lectura en hombres y mujeres, chicos y chicas a los que no conocía, pero cuya mirada no tardó en aprender a leer, a identificar y a descifrar. Ella decía -y a veces dice todavía- que “repartía refugio”, y se emociona al recordarlo. La he oído también confesar en algunos momentos de nuestra historia común, que no fueron fáciles y que vivimos juntos: “Decidí ser bibliotecaria porque así me aseguraba de que, por muy mal que nos fueran las cosas, aunque faltara el agua caliente o la calefacción, siempre tendríamos un libro en casa”. Ahora, quince años después de su jubilación, soy yo quien le recomienda lecturas. Leemos un libro a la vez y nos juntamos cada quince días a coomer y a comentar lo leído, en lo que hemos bautizado como “El club de las 2”, porque intentamos en lo posible que coincida con el día 2 de cada mes, a las 2, y porque somos dos almas lectoras que no tienen freno. Durante estos años de club, ella me ha contado cosas, muchas cosas de su vida en la biblioteca, y desde que la oigo hablar como lo hace sobre su amor por esa vocación, que no decrece a pesar del tiempo, no puedo dejar de maravillarme y de preguntarme cómo definiría yo a una bibliotecaria -o a un bibliotecario- llegado el caso.

Hasta hace unos meses no di con la respuesta.

Fue a raíz de la publicación de Un hijo, durante una charla en un centro de enseñanza de una capital andaluza. Y fue precisamente gracias a un niño de diez años que, junto con otros 1OO, había leído la novela y quería conocer a su autor. Por motivos de espacio, el acto tuvo lugar en la biblioteca del centro, con un par de profesoras y la encargada de la biblioteca. La charla fue muy intensa, mucho más de lo que yo esperaba, y se alargó. Cuando por fin llegamos al final del turno de preguntas, un niño que estaba sentado en la primera fila levantó la mano.

-A mí lo que más me ha gustado del libro es María -dijo refiriéndose a la orientadora del centro, que es, junto con el pequeño Guille, la protagonista del libro.

Quise saber por qué. El niño, llamado Ismael, se rio un poco y luego, mirando a una de las tres mujeres que estaban junto a la puerta. dijo:

-Porque es igual que la seño Lourdes. -Una de las tres mujeres que estaban junto a la puerta se encogió un poco y negó con la cabeza, incapaz de reprimir una sonrisa. Ismael no había terminado-. Vive en la biblioteca porque si no los libros a lo mejor se van. O se mueren.

Se hizo el silencio en la biblioteca. Nadie se rio. Nadie dijo nada. Fueron segundos llenos de respiraciones contenidas, de tensión y de infancia.

-Es que es bibliotecaria -volvió a hablar Ismael. Y al ver que yo lo miraba sin saber qué decir, debió de entender que necesitaba explicarse mejor, y añadió-: O sea, como Mary Poppins, pero sin alas.

Hoy es un día especial. Celebramos el Día de las Bibliotecas y celebramos también que cientos, miles de Mary Poppins sin alas velan por los libros que las habitan para que no se mueran ni se vayan, e Ismael siga creyendo que la vida está en los libros y su reflejo fuera. Hoy es el día en que, un año más, la magia se renueva y todas las bibliotecarias y bibliotecarios del mundo se saludan con una mirada cómplice y un largo. hermoso y tierno:

“Supercalifragilísticoespialidoso”.

      Y es que llegar a la biblioteca es llegar a casa, es hacerse con un refugio, es ingresar en un mundo lleno de vidas y sueños y aventuras…¿ Alguien se anima a contar algún recuerdo relacionado con las bibliotecas?

 P.D. Si queréis echarle un vistazo al artículo de la Revista Babar…

http://revistababar.com/wp/dia-de-la-biblioteca-2017/

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La lectura salva.

En este mundo que nos toca vivir, en el que estamos tan faltos de superhéroes, la lectura puede ser una buena tabla de salvación.

Lo cuenta así de bonito Rosa Montero,  en un artículo de El País, que os copiamos aquí. ( El País, 26 de febrero de 2016)

Más fuertes y mejores

     Mientras escribo estas líneas, puedo ver junto a mí los desalentadores montoncitos de libros que se empiezan a acumular, como torres truncadas, en el suelo de mi despacho. Ya no me caben en las baldas y no sé dónde meterlos. Aunque hace ya mucho que perdí el respeto reverencial a los libros y, después de leerlos, suelo desprenderme de la mayoría, la cantidad de volúmenes que tengo crece como la espuma, porque me regalan muchos y, mea culpa, sigo comprando bastantes (menos mal que existen las versiones electrónicas). A veces pienso que se están convirtiendo en una especie de virus invasor y hasta llego a detestarlos durante unos instantes. Luego, claro, se me pasa corriendo. ¿Qué haría yo sin libros? Son y siempre han sido mi mejor amuleto ante los desasosiegos de la vida. En el dolor, en la ansiedad, en las esperas y las desesperaciones, si cuentas con una buena lectura estás al menos en parte protegido. Recuerdo perfectamente las obras que leí en algunos momentos especialmente penosos; en enfermedades propias, por ejemplo, o en esperas hospitalarias de enfermedades ajenas. Son libros que me ayudaron a atravesar esos tiempos oscuros, los estrechos desfiladeros de la vida; a decir verdad, pienso en ellos como si fueran mis amigos.

     Sé, por otra parte, que esto que me sucede a mí le ocurre a muchos. El grupo editorial italiano Mauri Spagnol y el Centro de Estudios de Mercado y Relaciones Industriales de la Universidad de Roma publicaron hace poco los resultados de una investigación curiosísima: estudiaron si la lectura tiene algún efecto en el bienestar de las personas. Tomaron una muestra de 1.100 individuos, los dividieron en dos grupos, lectores y no lectores, y les aplicaron tres conocidos protocolos para calibrar el índice de satisfacción con la vida, según la autovaloración de los sujetos. En una escala del uno, lo peor, al diez, lo mejor, los 1.100 individuos se dieron, como media, una nota de felicidad por encima del siete. Esto ya es sorprendente en sí, o al menos a mí siempre me sorprende que, cuando le pides a la gente que puntúe su nivel de felicidad, todos los estudios suelen dar unas notas bastante altas, de notable para arriba. Y es que el ser humano es una criatura vitalista, adaptativa y tenaz. Pero lo novedoso de esta investigación es que los lectores superaron a los no lectores en todos los apartados por cerca de medio punto: se sentían más dichosos y experimentaban más a menudo emociones positivas. Resumiendo: parece que leer te ayuda a ser más feliz. Cosa que desde luego no me extraña.

     Siempre me han dado pena las personas que no leen. Y no porque sean más incultas y menos libres, aunque es bastante probable que sea así. No, las compadezco porque creo que viven mucho menos. Leer es entrar en otras existencias, viajar a otros mundos, experimentar otras realidades. Y además, ¡qué inmensa soledad la de quien no lee! Porque la literatura nos une con el resto de los habitantes de este planeta, nos hermana con la humanidad entera, más allá del tiempo y el espacio. Podemos experimentar las mismas emociones que un escritor inglés del siglo XVI o que una autora contemporánea de la remota Nueva Guinea. Y al fundirnos con los demás, al salir de nosotros mismos, salimos también por un instante de nuestra muerte, que nos espera enroscada en la barriga. Leer te hace inmortal.

     Hay dos fotos antiguas en blanco y negro que me parecen maravillosas y que son un ejemplo de esa fuerza benéfica de la literatura. Una es de André Kertész y muestra una ancianita en camisón sentada en una cama de madera, un mamotreto viejo con dosel. La instantánea fue tomada en el asilo de Beaune (Francia) en 1929, así que la mujer era una asilada, probablemente sola, enferma y pobre, una vieja sitiada por la muerte. Pero tiene un libro en las manos y está embebida en él. Lee, de perfil, con serena y perfecta placidez. Qué invulnerable se la ve, protegida por el gran talismán de la lectura. Toda ella luz dentro del barquito de su cama en mitad de un océano de tinieblas.

     La otra foto es bastante conocida: la biblioteca de Holland House, en Londres, tras los bombardeos de 1940. El techo del edificio se ha derrumbado pero las paredes, repletas de libros, se mantienen en pie. Aquí y allá hay tres hombres con abrigo y sombrero que, subidos a la inestable pila de escombros, miran los lomos de las estanterías u hojean algún volumen. A mí esta foto siempre me ha parecido un emblema de la esperanza, de la capacidad de supervivencia de los humanos. En lo más aterrador de la pesadilla nazi, cuando parecía que el infierno triunfaba, esos hombres buscaban en la hermandad lectora con el resto de la humanidad las fuerzas suficientes para seguir resistiendo. Esta es la magia de la literatura: nos hace ser más fuertes y mejores.

                                  Rosa Montero

    Las dos imágenes a las que hace mención el texto son las siguientes. Confirman lo dicho: la lectura salva.