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La letra escarlata. Nathaniel Hawthorne

Letra escarlataLa forma de narrar este libro es completamente característica del Realismo, ya que está dividido en cortos capítulos y con un escaso diálogo, expandiéndose en las descripciones, ya sean psicológicas, de paisajes, de objetos o atmósferas singulares, que en algunos casos se pueden tomar como algo ajeno y trivial a la trama. Existe una clara influencia romántica en el lenguaje, que puede llegar a ser incluso medieval en algunos casos haciendo que te pierdas en la amplia retórica de los personajes. Otra característica notable es la presencia del narrador omnisciente, pero que, en este caso, es subjetivo y tiene una gran capacidad de opinar.
Es un relato de un mundo en el que la religión, la justicia, la moral y la ley son sinónimas, mientras que los ejes de la novela son el pecado, el arrepentimiento y la culpa.
Los personajes que Nathaniel Hawthorne ha usado en esta obra no son bastante corrientes en el ambiente en el que los ha colocado haciendo que una novela en la que se enfrentan temas antagónicos (característica del Realismo) sea bastante predecible.
Aun así los temas que trata aún se pueden tomar como vigentes, ya que un episodio de adulterio tendría casi las mismas reacciones hoy en día, aunque no tan extremistas, quizás.
El final, a mi parecer bastante predecible, al igual que la historia, hace que la ésta caiga en la decepción.

Esta novela, que nos lleva a una colonia puritana del siglo XVII, nos cuenta la historia de Mujer América, con su “A” en el pecho diciendo frases feministas fuera de un contexto lógico; ella contra el mundo en una comunicación directa con Dios a diario.
El marido, un brujo que se hace llamar médico, un ignorante a mi parecer, busca su venganza personal, haciendo que el verdadero culpable quede impune a su justicia.
Y el cura, que se dedica a dejar pasar el tiempo sin hacer más que esconder su responsabilidad y que la deja sola con el problema, un ser falto de reflejos.
Al final, se resuelve esta novelilla de sábado por la tarde de una forma que poco ha faltado para recordarme a la niña de exorcista con tanto satanás en el argumento.
En definitiva, si eres mujer, romántica, crédula, te gustan los partos, los curas blandengues cobarduchos, las feminoides mariantoñetas y las pócimas, no te puedes perder este libro.
Sólo le falta un perrito, un niño enfermo y un viejecito para ser perfecto.
Alba Tejerina. 1º Bachillerato C

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