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¡VAMOS A REALIZAR EL CAMINO!

 

Hoy por la mañana me desperté contenta, porque hoy sería el día en el que podría recorrer un camino que me llevaría hasta Santiago de Compostela y decidí ir por el Camino Portugués que es el más cercano a mi casa. Pero, antes, me gustaría presentarme; soy Adela Belo Costa y nací el 9 de Marzo de 1388 en O Matelo y con mis 25 años me propongo recorrer el Camino Portugués para darle gracias al apóstol Santiago por haber curado a mi hermano de una terrible enfermedad.

A pesar de ser de la nobleza me gusta salir y visitar la naturaleza, siempre teniendo en cuenta los animales y los depredadores que pueden andar por ahí. Pero aún así decidí recorrer el Camino Portugués.

El camino sería algo largo, estaría fuera de casa unos doce días realizando ida y vuelta, recorrería unos 232 Km. en total:

  • Tuy – Porriño (16 km).
  • Porriño – Redondela (14 km).
  • Redondela – Pontevedra (21 km).
  • Pontevedra – Caldas de Reyes (22 km).
  • Caldas de Reyes – Padrón (21 km).
  • Padrón – Santiago (22 km).

 

Ya llevaba todo lo necesario para comenzar mi aventura, cogí todo el agua posible y toda comida que pudiese llevar, aunque también llevaba otros utensilios que podría necesitar.

Comencé mi viaje en dirección a Tuy y eso incluiría salir de Portugal e irme a España; aunque tardé un poco, la espera valió la pena, aquello era precioso y diferente a lo que me había imaginado.

A mí alrededor veía árboles con un color muy verde y unas pequeñas aldeas por otras zonas; pero lo que más embellecía a la ciudad era su catedral, (Santa maría de Tuy).

Allí pase la noche, la verdad, me costó encontrar a alguien que me ayudase a resguardarme del frío pero al final encontré a una familia de campesinos muy amables, pero hambrientos y en mal estado, yo les di las gracias y para agradecerles la estancia les di un poco de mi comida y de mi agua.

Al día siguiente cogí mis cosas y me dirigí a Porriño. Esa vez me costó un poco más llegar, tuve que dar un buen rodeo al camino debido a que había unos hombres con cara de pocos amigos, en mi opinión, así que tardé un poco más de lo esperado.

Tras dar ese rodeo quedé agotada y mis piernas no daban a más. Al llegar a Porriño, vi que era diferente a Tuy; ahí me encontré el Ayuntamiento. Tuve que acercarme a un mercado porque me quedaba sin provisiones y así descansaría un poco. Aunque yo ya sabía que este viaje no iba a ser fácil quise continuar y estuve día y noche yendo entre colinas, valles, rocas, bosques, etc, claramente sin olvidar a los peligros naturales que me podría encontrar.

Por fin cambié de lugar y contenta de haber conseguido llegar hasta allí sin descanso, decidí pararme en una de las casas a descansar, (aunque en esa situación fue más sencillo  encontrar alojamiento). Redondela era un lugar muy bonito, al sur de la ría de Vigo, árboles y casas pequeñitas pero los que más llenaba la ciudad era su gran mercado.

Allí me quedé todo el día a descansar; lo suficiente como para que a la mañana siguiente pudiese seguir con me viaje. Lo único que me hizo ir más despacio fue el frío al amanecer, pero por suerte la familia con la que me había quedado era comerciante y como tenían varias mantas, me prestaron una.

Por desgracia, como me había sucedido la última vez tuve que dar un buen rodeo al camino, porque había un gran precipicio y no pude continuar, así que tomé un desvío.

Una vez en Pontevedra vi la Basílica de Santa María la Mayor en medio de la aldea, era muy bonita, pero no me podía quedar mucho tiempo más, así que continué con mi ruta. Esta vez me sorprendió que el camino estuviese tan despejado de peligros, lo que hizo que me fuese más rápido llegar hasta Caldas de Reyes.

En mi camino me encontré un pequeño río y algunos árboles tapándole; aproveché y cogí un poco de agua de éste para el resto del camino.

Seguí caminando y a lo lejos vi una iglesia, pero a medida que me iba acercando vi que era concretamente la iglesia de Vemil (de estilo románico). Aunque no me quise retrasar demasiado quise dar una vuelta para verla mejor y visitar la ciudad.

Tenía muchas ganas de llegar a Santiago de Compostela pero ya se me había hecho tarde así que tuve que acampar porque todavía no había encontrado ninguna aldea, así que me puse las mantas que me habían prestado en Redondela. A la mañana siguiente me dirigí hasta Padrón.

Sin duda lo que más me sorprendió al llegar fue la Iglesia del Carmen, en mi opinión era enorme, tenía cuatro campanas en su parte alta y había mucha gente observando esa increíble construcción; sin embargo yo tuve que seguir, ya no me faltaba nada para llegar hasta Santiago. De tal emoción no quise descansar; eran un montón de sentimientos los que tenía por haber llegado tan lejos

Y por fin llegué, conseguí llegar hasta Santiago. Allí me quedé todo el día y le di las gracias al apóstol Santiago por haber curado a mi hermano.

El camino de regreso, se me hizo más corto, pero a la vez supe qué es lo que me iba a encontrar porque eso ya lo había vivido, lo único que cambió fue que en el trayecto de vuelta desde Porriño hasta Tuy, los hombres que me había encontrado ya no estaban.

Todo lo que me había sucedido se lo conté a mi hermano, y orgulloso de mí y a la vez yo conmigo misma, tuve una experiencia nueva para contar y un recuerdo bonito que guardar.

 

 

Laura Gracia. Segundo de ESO A

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