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Expresiones y dichos latinos, Gerardo Manrique. (Ceremonia de graduación de Bachillerato)

The End of Print?Publicamos en estas páginas las palabras que Gerardo Manrique, director de nuestro Instituto y profesor de Lenguas Clásicas, dirigió a los alumnos de Segundo de Bachillerato en la ceremonia de graduación. Esperamos que os sea provechoso este viaje a lo largo de los tópicos latinos y la sabiduría que encierran.

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6a00d8341bfb1653ef015433752494970cComo ya hemos sido presentados por nuestros impecables maestros de ceremonias, me permito agradecer a todas las personas presentes, así sin mayores matices, su asistencia a este acto, que hace posible que la despedida de nuestros alumnos y alumnas de segundo de bachillerato tenga la solemnidad y el empaque que ellos (y su esmerado atuendo) merecen.

Hace unos días, estaba en mi clase de Cultura Clásica, y por esas caprichosas conexiones de ideas con que nos sorprende el cerebro de cuando en vez, me dio por pensar en esta tesitura en que ahora me encuentro. ¿Qué podría yo decir a estos chicos y chicas que no sea lo mismo que he ido diciendo en los tres cursos precedentes? ¿Y algo que les pueda ser de alguna utilidad o, al menos, les incite a una pequeña reflexión? Y al tiempo que pensaba en ello, íbamos desgranando mis alumnos y yo el sentido de las expresiones y dichos latinos más conocidos, porque a ese propósito estaba dedicada aquel día la clase.img_resumen_292

Tal vez por eso que se dice de que nuestro infortunado cerebro masculino no puede simultanear dos ideas al mismo tiempo, una y otra, los dichos latinos y estas palabras que ahora estoy leyendo, vinieron a congregarse en una sola. ¿Y si nos limitáramos a darles algún consejo, alguno de estos que llevan vigentes dos mil años, puestos a prueba un millón de veces, y un millón de veces victoriosos? De paso, pensé también, le haríamos un merecido homenaje a la venerable y casi olvidada lengua latina, sin la que nosotros, bien desagradecidos que somos, nada podríamos decir en español. De hecho, si uno se para a pensarlo, no hay un solo día entre aquellos lejanos romanos y los que estamos hoy aquí en esta sala en que se dejara de hablar la misma lengua, en fin, que, nos guste o no, seguimos hablando en latín y no nos debe sonar tan raro. Y aunque es cierto que algunos de los consejos y reflexiones que me vais a oír decir hubiera sido bueno haberlos aplicado desde los primeros días en el instituto, tampoco estará de más asumirlos a partir de ahora, porque aún os quedan retos muy importantes que afrontar y sería bueno que lo hicierais pertrechados con una pequeña dosis de sabiduría antigua.

imagesY para empezar, prometo aplicarme yo mismo el primero de estos sabios aforismos: Esto breuis, et placebis [Sé breve, y agradarás]. 

De los muchos personajes romanos que merecen mi admiración, hay uno que siempre me resultó especialmente atractivo, el gran naturalista y filósofo Plinio el viejo. Cuando el Vesubio descargaba su mortífera carga volcánica sobre Pompeya, el 24 de agosto del año 79, este buen hombre, empujado por su sentido del deber (pues era el prefecto de la flota romana asentada en Miseno y se sintió en la obligación de socorrer a las víctimas de aquella enorme tragedia) y empujado también por su pasión científica (quería observar la erupción del volcán lo más cerca posible), se encaminó contracorriente hacia la ciudad de la que todos huían, y allí encontró su muerte. Romántico y cabal al mismo tiempo. De lo mucho y bueno que dejó escrito se le atribuye esta máxima llena de sabiduría: Nulla dies sine linea [que no pase un solo día sin escribir o leer, al menos, una línea]. La constancia en el propósito, la disciplina en el trabajo diario es la clave del éxito. Hay momentos en que todo invita a la retirada, en que lo más fácil es dejarse llevar, en que nos vence la fatiga o el desánimo. Es entonces cuando hay que acordarse de Plinio y sentarse a estudiar o escribir en su honor una línea, porque con una sola que leamos, habremos ganado esa batalla. Hubo otro gran talento romano, Ovidio, el poeta de ingenio más incontenible, más fácil y vivo que conoció la Antigüedad, que transmitió el mismo mensaje, pero con mayor plasticidad. Nos dijo: Gutta cauat lapidem, no ui, sed saepe cadendo  [La gota horada la piedra, no por su fuerza, sino porque cae sin cesar]. No minusvaloréis nunca el valor de la constancia. Sin ella, ha habido muchísimo talento por ahí que se ha malbaratado, y con ella, muchas personas normales que han alcanzado todos sus propósitos.carpe diem

unnamed15También decían los romanos, con el pesimismo del que se enfrenta al infinito, Ars longa, uita breuis  [El conocimiento es enorme, inabarcable, y la vida es breve]. En suma, que no se puede perder el tiempo porque hay mucho por hacer, mucho por leer, mucho por aprender. En aquellos tiempos, con una esperanza de vida harto menor de la que ahora disfrutamos y siendo los romanos bastante desconfiados ante las promesas del más allá, el aprovechamiento del tiempo era vital, a eso se refería también el celebérrimo mandato de Horacio, cuando escribió aquello de Carpe diem, quam minimum credula postero [Aprovecha el momento, y no confíes lo más mínimo en el día de mañana].  Hay quien se toma este dicho como una invitación al desenfreno, y no es eso lo que significa. Horacio, como buen epicúreo, se aconsejaba a sí mismo templanza: Ne quid nimis, era el lema de esta corriente filosófica: [De nada demasiado]. Es placentero un trago de buen vino, y no deja ninguna secuela. Como también son placenteros treinta tragos de buen vino, pero sus consecuencias no compensan ese placer. El ideal de vida de Horacio era alcanzar la Aurea mediocritas, una [dorada medianía], que no te alce tanto como para sentir la envidia de los demás, ni te postre tanto que tengas que pasar necesidades o vivir de la caridad ajena. Aquel ni envidiado ni envidioso de Fray Luis. Aprovecha el tiempo, disfruta del momento, pero con prudencia y buen sentido. Juvenal, un ácido misántropo que llevó a su límite la sátira en Roma, dio la clave, sin embargo, para este disfrute equilibrado de la vida: Mens sana, in corpore sano, [una mente sana en un cuerpo sano] el ideal de bienestar debe atender al cuidado del cuerpo y de la mente, de los dos, porque no es sensato prestar atención a uno solo de ellos y descuidar el otro.

images (1)En el trato con vuestros semejantes, sed prudentes, y también generosos. Porque, si bien es cierta aquella terrible aseveración de Plauto, el famoso comediógrafo latino, potenciada luego por un lóbrego moralista inglés, Homo homini lupus [el hombre es un lobo para el hombre], y no hay animal que pueda hacerte más daño que un semejante, también nos dejó escrito el otro gran autor de comedias romano, Terencio, el hermoso fundamento del humanismo occidental: Homo sum, humani nihil a me alienum… [soy un ser humano, y nada humano me puede ser ajeno]. Dedicad algo de vuestro talento a los demás, que no os sea indiferente el dolor y la miseria de nuestros semejantes. Y eso al socaire de los malos ratos que os depare la vida, prevenidos ante los reveses del destino. Ovidio, del que hablábamos antes, fue desterrado a las costas del mar Negro por el emperador Augusto, que nunca perdonó algún desliz del poeta. El que había sido el dandi de la corte del emperador, el poeta festejado por su talento fácil y brillante, no puede sino exclamar lejos de la refinada corte, junto a la bárbara ribera de lo que es hoy Rumanía: Donec eris felix, multos nuberabis amicos; tempora, si fuerint nubila, solus eris. [Mientras te vaya bien, podrás contar con una cantidad innumerable de amigos: ahora, si los tiempos se nublan, te verás solo]. Cuidado, porque hay que estar prevenidos para los reveses de la vida. Os quedan muchas cosas hermosas por vivir, y me temo que, también, algunas muy duras.8688622077734494

He comenzado con un imperativo de brevedad que estoy a punto de traicionar. Así que, para dar por terminada nuestra clase de dichos latinos, y ya puestos, no podemos dejar de rendir tributo al mayor de los poetas romanos, el gran Virgilio, y al mismo tiempo, compensar el proverbial pesimismo de aquel ilustre pueblo con una frase llena de esperanza y de pasión: Omnia uincit amor  [El amor lo puede todo]. Parece la típica frase hortera para estampar en un tatuaje. Pero no, hay que parase a pensar en ella. El éxito en la vida lo da la autenticidad en los sentimientos, en las relaciones, la pasión por lo que se hace. ¿Cuántas dificultades, por ejemplo, no habrá vencido el amor que por vosotros han sentido vuestros padres, vuestras familias? ¿Cuántas veces aparatosos edificios se han venido abajo porque faltaba la humilde argamasa del amor? Auténticos, generosos y apasionados por lo que vayáis a hacer y con quien vayáis a vivir. Con eso, y con una buena dosis de suerte (Alea iacta est, [la suerte está echada], dicen que dijo el gran Cayo Julio César al atravesar el arroyo del Rubicón), podréis ir construyendo un futuro aceptable, que es lo que os deseamos de todo corazón quienes hemos sido vuestros profesores en el IES “El Piles”. Queridos alumnos y alumnas, mucha constancia, y mucha suerte.

7895e-cantares253aalfaguara Y dicho esto, dos cosillas más o tres: una, quiero mostrar nuestro agradecimiento a la Escuela de Marina Civil por habernos cedido un curso más este espléndido salón de actos y, de manera particular, a Jose, el ordenanza, siempre tan obsequioso y amable con nosotros; dos, no tiréis los libros de texto ni los reservéis para la hoguera de San Juan, tenemos un programa de intercambio de libros y a vuestros compañeros y compañeras de primero les vendrán muy bien.  La tercera, esta noche hay que hacer buena la máxima epicúrea: Ne quid nimis [de nada demasiado]. Y la cuarta, y última: Paloma y Álvaro van a ir llamando a todos sus compañeros y compañeras de segundo de bachillerato, para que suban al estrado y les sea impuesta la banda y entregada la orla. Chicas, tened mucho cuidado con el escalón.  Una vez que pase el último, daremos por concluido este acto de graduación. Muchas gracias a todos.8183360-rboles-con-ra-ces-Esta-imagen-es-la-ilustraci-n-y-se-puede-escalar-a-cualquier-tama-o-sin-p-rdida-d-Foto-de-archivo

Gerardo Manrique

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