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¿Cuándo demonios vas a crecer de una vez?

 

Holden Caulfield, de El guardián entre el centeno

MARTIN CASARIEGO 18 FEB 2015 -El País, Babelia

Con Holden Caulfield millones de personas se han sentido menos solas: ‘El guardián entre el centeno’ ejerce un poder extraordinario

1423585423_678681_1423585745_noticia_grande«Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia…”. Desde el arranque de El guardián entre el centeno queda claro que Salinger pretendía situar su narración en la modernidad. Lo que no podía saber es que, bien entrado el siglo XXI, esta novela de aprendizaje iba a mantenerse tan fresca y actual como cuando la publicó en 1951, tanto por la forma en que está escrita como por lo que nos presenta, salvando el detalle de la ausencia de móviles y demás artefactos. Diez años antes, en una carta a una amiga, decía que estaba escribiendo una historia sobre “un chico de instituto durante las vacaciones de Navidad”.

Y sí, es eso. Eso y mucho más, seguramente porque ese chico, Holden Caulfield, es uno de los personajes más entrañables de la literatura universal, que mira y juzga lo que le rodea de una forma original, ácida, tierna a veces. Con algunos datos autobiográficos (unos epidérmicos, otros más profundos: el Holden que desprecia a casi todos, ¿no será ese escritor misántropo que deja de publicar y se aísla, acrecentando su leyenda?), Salinger escribió sobre los adolescentes, su rebeldía, su lucha por encontrar un lugar en el mundo, su miedo a crecer y a la vez su deseo de hacerlo. Porque Caulfield critica a los adultos, falsos, hipócritas o sencillamente imbéciles, mientras que aprecia a los niños, espontáneos, inocentes, generosos. Y por eso, lo que de verdad le gustaría es estar al borde del precipicio, al final del campo de centeno, para vigilar que los niños no caigan por él. Evitar que se hagan mayores. Pero eso es imposible, y de ahí la crisis de Holden.

Observador, sensible, exagerado, sarcástico, curioso (¿dónde irán en invierno los patos de Central Park?), en esos pocos días que dura su aventura, cuando, tras una pelea decide escapar del colegio del que ha sido expulsado y retrasar la vuelta a casa, ese chico de 16 años al que le gustaría aparentar más para que le sirvan las copas sin preguntas y para ser tenido en cuenta por las mujeres, piensa en el sexo, se emborracha, fuma, requiere los servicios de una prostituta, despotrica contra la educación académica, se deprime, dice tacos y abusa de las coletillas. Eso puede explicar que aún en 1980 fuera el libro más prohibido en los institutos de Estados Unidos. Pero el texto es inteligente, original, tiene humor, está lleno de vida y sensibilidad, posee un ritmo perfecto, nunca cae ni en lo cursi ni en lo soez, así que tampoco extraña que, en ese mismo año, fuera el segundo más recomendado.Salinger-on-Time

De la derrota de Holden surge una victoria imperecedera, la de dejarnos uno de los libros más maravillosos que se pueden leer casi a cualquier edad

En esa división entre los profesores que lo prohíben y los que lo recomiendan, estos últimos tienen un argumento difícil de rebatir: aquellos se están convirtiendo en lo que critican, en guardianes entre el centeno que no quieren que sus alumnos maduren. Carl Luce, un conocido mayor que él con el que Holden toma unas copas, le espeta: “¿Cuándo demonios vas a crecer de una vez?”. Y de eso trata este libro, a eso asistimos a lo largo de sus páginas, al abandono definitivo de la infancia, al complicado paso de una edad a otra. Todo, aquí, está en esa frontera: Holden, y la propia novela, publicada para adultos y adoptada por millones de adolescentes y jóvenes. Cada año se venden 250.000 ejemplares. La crítica también lo considera, casi unánimemente, como una de las obras mayores del siglo pasado. Es uno de esos felices y raros casos en los que crítica y público van de la mano a lo largo de décadas.

holden-caulfieldHolden se rebela contra la educación, contra la autoridad, contra los mayores, contra el inevitable proceso de madurar, cumpliendo muchas de las características de las novelas de iniciación. Su rebelión está condenada a la derrota, pero de ella surge una victoria imperecedera, la de dejarnos uno de los libros más maravillosos que se pueden leer casi a cualquier edad. Ese muchacho que pide y confiesa: “Toma una copa más. Por favor. Tengo una depresión horrible. Me siento muy solo, de verdad”, ha conseguido que millones de personas se sientan menos solas en algún momento de sus vidas. Ese es el extraordinario poder de los libros extraordinarios. Hacia el final, Holden nos da un consejo: “No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en el que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo”. Y al lector le sucederá algo semejante a lo que le sucede al narrador: cuando cierra el libro, empieza a echar de menos a Caulfield. Ya sólo le queda recomendarlo a los jóvenes y no tan jóvenes como si se hubiera publicado ayer.

El guardián entre el centeno. J. D. Salinger. Alianza Editorial. Madrid, 2013. 288 páginas. 

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Así arranca ‘El guardián entre el centeno’

Primer párrafo de la obra del escritor estadounidense, J.D. Salinger

Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no hay quien les gane. Además, no crean que voy a contarles mi autobiografía con pelos y señales. Sólo voy a hablarles de una cosa de locos que me pasó durante las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan débil que tuvieran que mandarme aquí a reponerme un poco. A D.B. tampoco le he contado más, y eso que es mi hermano. Vive en Hollywood. Como no está muy lejos de este antro, suele venir a verme casi todos los fines de semana. El será quien me lleve a casa cuando salga de de aquí, quizá el mes próximo. Acaba de comprarse un Jaguar, uno de esos cacharros ingleses que se ponen en las doscientas millas por hora como si nada. Cerca de cuatro mil dólares le ha costado. Ahora está forrado el tío. Por si no saben quién es, les diré que ha escrito El pececillo secreto, que es un libro de cuentos fenomenal. El mejor de todos es el que se llama igual que el libro. Trata de un niño que tiene un pez y no se lo deja ver a nadie porque se lo ha comprado con su dinero. Es una historia estupenda. Ahora D.B. está en Hollywood prostituyéndose. Si hay algo que odio en el mundo es el cine. Ni me lo nombren.

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Sobre Salinger

jd-salinger-photo28129J. D. Salinger no era un escritor sino una religión. Es lo mejor y lo peor que puede decirse del autor de El guardián entre el centeno, un libro que desde su aparición en 1951 convirtió a legiones de lectores en posesivos devotos de un misterio, el de sus personajes y el suyo mismo. ¿Quién era Jerome David Salinger? ¿Quién era ese tipo convertido en profeta de ese doloroso tránsito llamado adolescencia? En la investigación que Ian Hamilton emprendió en 1983, y que se convirtió en una cruzada del escritor para evitar airear cualquier dato sobre su vida, el biógrafo convirtió el célebre y elocuente silencio de Salinger en respuesta.

Recluido, Salinger no quería que nadie contara su historia, despreciaba las biografías literarias, a los editores, a los periodistas, a los fotógrafos… Holden Caulfield, protagonista de El guardián entre el centeno, hablaba por él: «Si realmente están interesados, lo primero que probablemente querrán saber es dónde nací, y cómo fue mi piojosa infancia y qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y toda esa basura del tipo David Copperfield, pero no tengo ganas de entrar en eso, ésa es la verdad».

La verdad: Salinger-Caulfield era lo auténtico mientras el resto era lo falso. Y toda la verdad y cada una de las claves para entenderla estaban en sus libros, en Franny y Zooey, en Los nueve cuentos y, por supuesto, en El guardián entre el centeno.

Un niño rico judío de Manhattan que había nacido el 1 de enero de 1919. Un buen alumno, menos en aritmética, que en 1934 fue inscrito por su padre en la Academia Militar de Valley Forge. A los 15 años empezó a escribir. Le gustaban el teatro y el periodismo. Un compañero de curso declaraba años después a la revista Time: «quería hacer cosas fuera de lo convencional. Pasaba horas sin que nadie supusiese dónde estaba o qué hacía. Aparecía, simplemente, a la hora de las comidas. Era simpático, pero de esos que si organizabas una partida de cartas no se apuntaba». Como Holden Caulfield, fue capitán del equipo de esgrima, una actividad integrada en Arte Dramático.th

Cuando Salinger sale de la escuela militar empieza a escribir y a viajar a Europa. «Parece indudable que en los primeros dos meses de 1938 estuvo en Viena y es muy probable que presenciara directamente la acción violenta de las turbas callejeras nazis», escribe Hamilton. Al volver a EE UU se inscribe en el Ursinus College, de Collegeville, Pensilvania. Era un solitario que impresionaba a las chicas: alto, moreno, neoyorquino, enfundado en un abrigo negro, de modales mundanos y cáusticos. «Proclamaba abiertamente que un día escribiría la Gran Novela Americana. Jerry y yo nos hicimos muy amigos, en gran parte porque yo era la única que realmente creía que lo haría». Así le recordaba Frances Thierolf, Franny, uno de los nombres fetiche del escritor y que además, de casada era, para mayor casualidad, Franny Glassmoyer. «El día que me casé me escribió para decirme que era el apellido más cómico que había oído nunca».

SALINGER-guardian-Segunda-Guerra-Mundial_LRZIMA20140221_0126_11Su primer gran éxito fue el primero de los nueve cuentos, en 1948, Un día perfecto para el pez plátano, en el que aparece su héroe suicida, Seymour Glass. Entre ese relato y la publicación de El guardián entre el centeno distan tres años de trabajo constante. Cuando publica su novela huye a Gran Bretaña, le asusta lo que puedan escribir sobre él y sobre su personaje. Pero las críticas son más que buenas y su nombre empieza a ser públicamente reconocido. Vuelve a Nueva York y por un breve espacio de tiempo disfruta de la fama, de breves romances y de los círculos literarios de la ciudad. Pero el desasosiego crece y el anonimato empieza a obsesionarle. Empieza la leyenda y con ella la huída y el silencio. En la edición conjunta de Los nueve cuentos una cita de Un Koan Zen abre el libro y con ella la única certeza que nos ha dejado J.D. Salinger: «Conocemos el sonido de una palmada de dos manos, pero ¿cuál es el sonido de la palmada de una sola mano?».

Quizá parte de la fascinación que despierta El guardián… se deba también al halo de misterio que ha rodeado a su autor. Una de las pocas imágenes que de él se conservan lo muestran en actitud amenazante contra el fotógrafo. Huyó de los focos y del ruido mediático. Sólo concedió una entrevista, en 1974 a The New York Times y por vía telefónica, para defender su vida privada.

«Hay una paz maravillosa en no publicar. Es pacífico. Tranquilo. Publicar es una terrible invasión de mi vida privada. Me gusta escribir. Amo escribir. Pero escribo sólo para mí mismo y para mi propio placer», dijo Salinger Holden Caulfield, de El guardián entre el centeno

En la cima de su fama Salinger decidió apartarse del mundo. Se mudó a Cornish e hizo de su casa una suerte de fortaleza inexpugnable. Encontrarle se convirtió casi en deporte nacional entre la prensa, que se ha pasado especulando sobre él y su extraña vida desde entonces.

holden-caulfieldUn personaje misterioso, esquivo con los medios de comunicación, del que apenas se conocen imágenes. Jerome David Salinger, autor de El guardián entre el centeno (1951), una novela que ha marcado a miles de jóvenes de todo el mundo, falleció en el año 2010 a los 91 años en New Hampshire (EE UU). El diario The New York Times, el primero en dar la noticia, lo calificó de «recluso literario». Escritor «de talento infinito», como lo definió Ernest Hemingway tras conocerle en París durante la segunda guerra mundial, años antes de que publicara su obra magna, Salinger llevaba lejos de la vida pública prácticamente cinco décadas, cuando tras el inesperado éxito de El Guardián entre el centeno, convertido en best seller el mismo año de su publicación, 1951, decidió abandonar Nueva York e instalarse en el campo, en la misma casa en la que falleció. Se acercaba así al deseo del mordaz y afilado protagonista de su novela, Holden Caufield, quien en un pasaje del libro afirma: «me gustaría encontrar una cabaña en algún sitio y con el dinero que gane instalarme allí el resto de mi vida, lejos de cualquier conversación estúpida con la gente».

vive la musica

thCanciones que ‘El guardián entre el centeno’ inspiró: de Guns N’ Roses a Jonas Brothers

El rock siempre habla de la vida, pero su materia prima, las letras, beben mucho de la literatura. Un tochaco de autoría desconocida como la Biblia se alza como el libro más adaptado, destripando sus misterios en temazos de Leonard Coen (Hallelujah), U2 (Gloria, Pride y un largo etcétera) o Bob Dylan (sus álbumes góspel de finales de los 70). Pero la novela que más canciones ha inspirado, por encima de clásicos como 1984El señor de los anillos o La Odisea, es otra: El guardián entre el centeno (1951). ¿Qué tiene esta novela corta de iniciación a la vida adulta para arrebatar a tantos músicos? Sobre todo, al antihéroe Holden Caulfield: un (mal) estudiante de una familia pija de Nueva York, carismático y mentiroso, contradictorio y manirroto, irónico y algo payasete. Un outsider con actitud rock cuando el rock aún estaba en pañales (Elvis tenía 16 años). Un icono de la rebeldía adolescente que obsesionó a fanáticos del mundo entero, como al asesino de John Lennon o al que intentó matar a Ronald Reagan. Estas son las mejores canciones iluminadas por la novela. Lo raro es que el grupo más literario de todos, Iron Maiden (con 14 temas basados en obras literarias), no le hayan hincado el diente…

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